

Síntomas y diagnóstico del megaesófago en perros
El megaesófago canino es una enfermedad que puede confundirse con otros problemas digestivos, por eso es fundamental reconocer sus signos característicos. Identificarlos a tiempo y acudir al veterinario marcará la diferencia en la calidad de vida de tu perro.
Síntomas más comunes del megaesófago
Los perros con megaesófago suelen presentar una combinación de los siguientes síntomas:
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Regurgitación frecuente: el alimento vuelve sin esfuerzo, sin arcadas ni contracciones abdominales.
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Pérdida de peso: el perro no logra absorber los nutrientes necesarios, aunque coma con normalidad.
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Problemas respiratorios: tos, estornudos o infecciones recurrentes, muchas veces provocadas por la aspiración de comida o líquidos.
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Hipersalivación y mal aliento: debido a la acumulación de alimento en el esófago.
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Apatía o debilidad: consecuencia de la desnutrición y la falta de energía.
Diferencia entre regurgitación y vómito
Este punto es clave, porque muchos dueños confunden ambos síntomas:
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Regurgitación: ocurre de forma pasiva, sin esfuerzo, y la comida sale casi intacta.
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Vómito: va acompañado de arcadas, contracciones abdominales y el alimento aparece parcialmente digerido.
Si tu perro regurgita con frecuencia, es una señal de alerta que requiere revisión veterinaria.

Imagen Creada con Inteligencia Artificial
Pruebas para diagnosticar el megaesófago
El veterinario puede recomendar distintas pruebas para confirmar el diagnóstico:
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Radiografía con contraste (bario): permite ver la dilatación del esófago y comprobar si el alimento llega al estómago.
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Endoscopia: para observar directamente el estado del esófago.
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Pruebas de sangre: ayudan a descartar enfermedades asociadas, como la miastenia gravis o el hipotiroidismo.
Estas pruebas son esenciales para diferenciar el megaesófago de otros problemas digestivos o neurológicos.
Cuándo acudir de urgencia al veterinario
Además de los síntomas habituales, hay signos que requieren atención veterinaria inmediata:
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Dificultad para respirar.
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Fiebre.
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Tos persistente o mucosidad nasal.
Estos síntomas pueden indicar neumonía por aspiración, una de las complicaciones más graves del megaesófago, que puede poner en riesgo la vida del perro si no se trata a tiempo.